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Por:
Fabián González |
Convivir en sociedad no es cosa fácil, mucho menos cuando los diferentes intereses que impulsan a los individuos al desarrollo de actividades diversas se encuentran con encrucijadas actitudinales propias de una cultura arraigada en la histórica carrera del desarrollo humano.
La cultura según la UNESCO es el conjunto de rasgos distintivos presentes en un grupo, en una sociedad de individuos y que vienen manifestados a través de su economía, su religión, sus artes y todas las expresiones del ser humano.
En este sentido el respeto hacia estas cuestiones actitudinales de nuestros pares debería ser la premisa, o en un vocabulario más entendible, "No hagas a lo demás aquello que no quieres que te hagan".
La falta de entendimiento entre las personas en la mayoría de los casos sucede cuando en momentos de disputa se enfrentan intereses, cultura y egoísmo consumado. Es angustiante mediar entre seres que no aceptan diferencias o que manifiestan su disconformidad aduciendo bienestar propio por sobre lo demás, con ausencia racional de conocimiento y condiciones de conocimientos paupérrimos que denota una falta grave en las percepciones cognitivas de una sociedad.
Ruidos molestos
La incomodidad que se suscita con la incorporación de nuevas tecnologías es un mal de los tiempos de María Castaña y que parece que la solución es inexistente, almenos por ahora. Automóviles cuyos motores sin insonorización adecuada castigan oídos ocasionales, motocicletas que tal vez en respuesta a una moda pasajera liberan sus caños de escape para hacer sentir el estruendo deplorable de una sociedad, teléfonos celulares que manifiestan en alta voz lo que reproducen sus parlantes sin percibir que los mismos tienen un sonido bastante deficiente constituyéndose como un ruido bastante molesto.
Todo ruido es sonido no deseado y todo ruido ocasiona severos daños irreversibles a nuestro sistema auditivo.
Un punto interesante es la falta de respeto a la convivencia dentro de las unidades públicas de pasajeros, donde el motor de las unidades que por naturaleza mantiene niveles altos, sumándole el volumen del equipo del sonido del conductor, sumado el de algunos ocasionales celulares con altavoces habilitados, más el propio bullicio de los pasajeros. Es el castigo divino de la sociedad en movimiento.
Otra cuestión a tener en cuenta son las clasificaciones de los ruidos que van desde los continuos a los alternos; los molestos, excesivos y los innecesarios. Cada cual con una descripción interesante para la ocasión.
Las legislaciones para los ruidos son diversas pero muy bien se sabe en la jerga callejera la aplicación es casi nula. En algunos casos se atan a cuestiones internas dentro de un barrio o en un consorcio para respetar ciertos horarios y de esta manera tener una legislación casi casera de la cuestión.
El ruido es un elemento contaminante
La OMS recomienda no exponerse a sonidos de intensidades mayores de 65 - 70 db. A nivel laboral en nuestro país , 85db, es el límite, permitido.
Ciertos decibeles- cuando son reiterados- conducen a la pérdida de audición, y finalmente a la sordera. Una interferencia sonora prolongada puede llevar a niveles de alto nerviosismo y angustia, aumento del ritmo cardíaco y de la presión arterial, alteraciones en el proceso digestivo, dificultades en la memoria, imposibilidad de conciliar el sueño y fnalmente stress agudo.
Los niños sufren particularmente la exposición sonora. Si el vecino de arriba genera ruidos molestos debe ser advertido para que se abstenga de hacerlos o realice en su unidad funcional arreglos que permitan una aislación acústica total dentro de su domicilio para no ocasionar lesiones irreversibles en los niños circundantes.
Básicamente la conciliación de los problemas sonoros debería concretarse desde una conciliación ética o moral. No deberíamos ocasionar malestar a nuestros pares siendo que tampoco queremos recibir molestias, ni de sonido ni de ningún tipo.
Alguna legislación al respecto
Desde el punto de vista de la legislación civil, el art 2618, se refiere a las " molestias" que ocasionen el humo, calor, olores, luminosidad, ruidos, vibraciones o daños similares por el ejercicio de actividades en inmuebles vecinos, agregando la norma que ellos no deben exceder la NORMAL TOLERANCIA.
La ciudad autónoma de Bs. As. Sancionaba en el 2.004 el Control de la Contaminación Acústica en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires regla por la cual se intenta disminuir la contaminación ambiental y el respeto ciudadano.
Ante cualquier legislación al respecto se anteponen cuestiones culturales, raciales, étnicas y morales como basamento de una sana convivencia en sociedad constituyéndose en ley.
Es cierto: no sólo las normas y sanciones jurídicas moldean una buena vecindad. El factor más importante lo aporta una ética civil de respeto por el otro. Aún así, es imprescindible reforzar los cánones morales mediante estímulos, como cerrojos de la moralidad social. Además, cuando los preceptos del derecho son razonables y tienen vocación de eficacia, generan un importante efecto simbólico o educativo.
Según el Codigo de Convivencia del distrito de Antioquia en Colombia "La convivencia presupone una armonía entre los tres sistemas reguladores: ley, moral y cultura." Algo indispensable en toda norma social.
En Argentina algunos municipios reglamentaron un código de convivencia ciudadana por el cual se rigen para mediar disputas vecinales en un principio y a la vez se intenta organizar aún más una localidad.
Más allá de todo reglamento válido, un poco de reflexión lleva a hacernos algunas preguntas, ¿Es necesario reglamentar lo que por naturaleza se nos da? ¿No somos lo suficientemente inteligentes como para resolver nuestros problemas vecinales con simples pero poderosas palabras?
En definitiva el orden universal rige en nuestras comarcas y por causa o tal vez por consecuencia estos problemas se acrecientan en nuestras vecindades tildándola de problemática, y en algunos casos hasta de caótica la convivencia vecinal.
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